martes, 30 de diciembre de 2008

Aparición de Priscila






¡Oh cristalina fuente
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!.




Despues de una dolorosa derrota en la batalla, nuestro caballero inexistente, se ha retirado a una apartada región para pedir ayuda al Resucitado, dedicándose al ayuno y la penitencia. Tras todo un día y una noche de viaje, detuvo su caballo al amanecer entre los árboles de un soto por el que corría un arroyo de aguas limpias.
Desde prima hora, permanece arrodillado, los guantaletes apoyados en el pomo de la espada y el yelmo, reclinado sobre el peto. No ha hecho un sólo movimiento, por parecerle ésta, la actitud más correcta para quien espera obtener la Gracia Divina. La sierra es abrupta y el lugar desierto. Cae la tarde y de vez en cuando, asoma un conejo a beber en la orilla . Agilulfo reza y medita, implora el perdón del Señor. El silencio es total en la pradera .

De repente, ha comenzado a escuchar el rumor de unas pisadas sobre la hierba. Se trata de un mozo esbelti y delgado de talle, va vestido como un labrador, y lleva una toalla sobre los hombros. El mozo, sin darse cuenta de que lo miran, comienza a desnudarse las polainas para lavarse los pies que son tales que a Agilulfo, le parecen sino dos pedazos de blanco cristal que entre las otras blancas piedras del arroyo destacan. Suspendiose el caballero, de la blancura y hermosura de los pies que no estaban hechos a pisar terrones, ni a seguir el arado tras los bueyes como mostraba el hábito de su dueño. Tenía las polainas levantadas hasta la mitad de las piernas, que sin duda de blanco alabastro parecían. Terminados de lavar los hermosos pies, se los seca con un paño de tocar que traía debajo de la montera, y al querer quitársele, alza el rostro y Agilulfo tiene la visión de un rostro de una hermosura incomparable. El mozo se ha quitado la montera y sacudiendo la cabeza de una y otra parte ha comenzado a descoger y a desparcir unos cabellos que pudieran los del sol tenerle envidia.
Con esto el caballero conoció que el que parecía labrador era mujer y delicada y aún la mas hermosa que hasta entonces sus ojos habían visto. Y al ver sus preciosas manos peinando los cabellos, como dos pedazos de blanca y apretada nieve*, al ver sus hermosos ojos, se prendó de la joven, quiso saber su nombre, y sus gustos, ¡ quiso saber todo de ella!, deseó que nada le faltara, que fuera dichosa y que siempre le acompañara; quiso en definitiva, hacer de ella su Dama, la mujer que gobernaría su corazón.

* La descripción de la joven está extraída de la de Dorotea, el entrañable personaje del Quijote.
Dove sei amato bene?. G. F. Handel.(Rodelinda). Andreas Scholl: Contratenor

1 comentario:

  1. Es un buen ejemplo de la extrema idealización a la que sometemos a las mujeres. Luego nos enamoramos de ellas y nos llevamos una inmensa desilusión, porque ¡solo son seres humanos reales! Y viceversa lo mismo les pasa a las mujeres. Si en el futuro la sociedad ha de recobrar la cordura, la literatura tendrá que propugnar modelos de amor más realistas. A estas relaciones amorosas tan utópicas y fantasiosas que se nos presentan en la literatura y en el cine yo les echo una buena parte de la culpa de los divorcios y demás desencantos amorosos de hoy en día, porque nos han enseñado a esperar algo que no existe en la realidad.

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