lunes, 30 de marzo de 2009

Don Benito Pérez Galdós.

Nuestras virtudes morales favorecen principalmente a otros, las intelectuales por el contrario ante todo a nosotros. Por eso aquéllas nos hacen queridos de todos, y éstas odiados” Arthur Schopenhauer.


Como siempre Jorge aprovechó el fin de semana para leernos una semblanza de "sus predilectos" y hacer una reseña de sus lecturas preferidas.

Marianela 1878. Miau 1888. Misericordia 1897.Estas tres novelas escritas con un intervalo de diez años son buena muestra de la evolución intelectual y estilística de uno de los grandes escritores españoles contemporáneos. Cien años después la ingente obra de Galdós se ha convertido en la memoria colectiva en un verdadero compendio de la historia y de la sociedad española del siglo XIX. En las cuatro series de “Los Episodios Nacionales”, las más de treinta y cinco novelas y otras tantas obras de teatro, cobra vida una muchedumbre humana, sólo comparable por su intensidad con las genialidades de la pintura de Goya.
Como Lópe, Galdós es un gran improvisador, su curiosidad todo lo abarca, su atrevimiento temático es mayor que su profundidad teórica, apenas investiga, le basta con saberse entendido por la gente del pueblo. La rapidez con que traza sus novelas le impide pulir, la pobreza en la forma y la simplicidad argumental, a veces algo ramplona, llevó a los entonces jóvenes escritores del 98 a acusarle de falta de consistencia intelectual. Pero a D. Benito jamás le interesó la profundidad teórica de sus tesis, sino más bien aplicar sus extraordinarias dotes para la observación y descripción de tipos humanos y su asombrosa capacidad de síntesis, a procurar un clima emocional y espiritual que le permita vincularse con el lector.

En “ Marianela “ (1878) expresa sus ideas regeneracionistas encarnándolas un poco “a la buena de Dios” en la figura ideal de un científico, el oftalmólogo Teodoro Golfín, al que se contrapone el oscurantismo y la miseria moral y el desvalimiento de los demás personajes. La novela se construye a la manera de las de Dickens, con las que guarda relación, y contiene un regusto romántico de fuerte carga emocional.


En “Miau” (1888)- a mi juicio una de las mejores novelas del siglo XIX- Galdós que ha alcanzado la absoluta maestría en la descripción de tipos humanos, construye una obra coral, en torno a la despiadada familia y los compañeros de oficina de un funcionario cesante,(figura trágica de grandeza clásica ) cuyas tribulaciones le llevan al suicidio. La obra , sin concesiones al sentimentalismo, es una contundente crítica política de “La Restauración” y de la esterilidad de la clase media española.

En la década de los 90, inicia las llamadas “novelas espirituales” de justa fama, entre las que se encuentran “Nazarín” (1895), “Misericordia” y “El abuelo” (1898). Con los años sus ideas liberales y regeneracionistas se han contagiado de un cierto escepticismo ante la tozudez de la sombría realidad social y política española. El viejo escritor anticlerical, se refugia ahora en un cristianismo amable, sin luchas teóricas, apenas adivinado, en el que sólo cuenta la pura caridad y la acción para mejorar la sociedad.

En “Misericordia” es patente su interés por narrar las deplorables condiciones de vida de la inmensa mayoría silenciosa , la triste existencia de las clases humildes y desfavorecidas, por denunciar la falsedad de la estabilidad política y de la paz social. Sin embargo, la descripción de los barrios bajos del sur de Madrid, la de los tipos populares y mendigos va más allá de la mera exposición de los problemas de la época y de la miseria de la vida cotidiana. Como si el alma del autor, presente incluso con su propia voz en la novela, infundiera a los personajes ese rasgo de buen humor necesario para continuar viviendo. Como si a pesar del dolor y de la injusticia, siempre brillara una estrellita por encima de la humanidad y le sirviese de guía, reconfortándola, y arrancándola de cuando en cuando del sufrimiento y las miserias.

La parquedad argumental, la falta de elaboración formal, la inconsistencia teórica de las tesis, - su confesada repugnancia por la oratoria y la teoría- se ven sobradamente compensadas por la honda emoción que todo lo transfigura y contagia de la belleza purificadora de la creación artística. Un arte superior capaz de llevar la caridad cristiana a los más sombríos recovecos del corazón humano en este valle de lágrimas.

sábado, 28 de marzo de 2009

El teatro de las sábanas blancas

"El sueño
autor de
representaciones,
En su teatro,
sobre el viento armado,
Sombras suele vestir
de bulto bello".
Luis de Góngora.

Cuando soñamos el pensamiento toma formas dramáticas. De noche, durante los sueños somos el actor, el autor, el espectador y el teatro. ¡Somos todo!.

viernes, 27 de marzo de 2009

La Verdad.

“ La Verdad es la Verdad, dígala Agamenón o su porquero”
Agamenón ( el Rey de Mecenas)
"Conforme"
Su porquero- "No estoy de acuerdo".
( A. Machado)


Como todos los viernes a media tarde, el pequeño grupo de amigos, volvió a reunirse en casa de Jorge.Ya apuntaba la primavera y por esos sacaron el viejo samovar con el té, a una mesita que habían dispuesto en el jardín. La tertulia comenzó esta vez con la lectura de la carta del Caballero Inexistente, que había dejado perpleja a María, quien dio esta contundente réplica a "La Verdad" que proclamaba Agilulfo en "la triste reseña sobre Vidriera".

Para la mayor parte de las actividades y relaciones cotidianas el criterio filosófico de verdad tiene poca relevancia. No quiero decir que no exista un criterio de objetividad científica o filosófica, sólo digo que tratar de descubrirlo y guiarnos por él, no es lo que suele plantearnos conflictos con los demás. Más bien resulta pasmoso el vacío de opiniones en este terreno.
En cambio, en cuanto manifestamos una opinión u observamos una conducta que ataña a nuestros sentimientos o intereses, caemos en la cuenta de que nuestra verdad personal, está muy lejos de coincidir con la de los demás. Curiosamente cuanto más emocional es el tema más seguros estamos de tener razón, y más seguros parecen los demás de que no la tenemos.
Hacer de nuestra verdad personal, que no pasa de ser una mera creencia, una Verdad con mayúscula de la que debemos convencer a los demás es una actitud pretenciosa, absurda y peligrosa.
El hermoso “intelectualismo moral” que predicaba Sócrates, es completamente inapropiado en las cuestiones de la vida ordinaria. La idea de que si puedes explicar “tu lógica” a alguien estará de acuerdo contigo, se basa en la suposición de que la única cosa que impide que la gente esté de acuerdo contigo de todo corazón es su ignorancia. Esto es con demasiada frecuencia inexacto y pretencioso. Las creencias de cada cual cuadran con su personalidad, o con sus circunstancias, antes que con la lógica de la situación y todos somos reacios a que otra persona nos indique lo que debemos creer
.

jueves, 26 de marzo de 2009

Las palabras

¡ Dichoso quien habita el mundo desde dentro hacia fuera y sólo en contadas ocasiones rompe el cofre del silencio para dispensar las palabras, cual monedas de plata, porque hallará la paz !.


Las palabras desenvuelven el mundo, lo constituyen y lo complican. Nos muestran una realidad superlativa desmesurada y patética.
Me pregunto si la parquedad en el hablar, por el contrario, derivaría en un mundo somero, mucho más sobrio y fácil de asimilar.
Resulta muy atractiva esa realidad plegada y enigmática que nos ofrece la mente cuando acabamos de despertar. Entonces parece, que nuestro deambular por la vida, lo es entre un pequeño grupo de personas, de cosas, a los que nos une una indefinida afinidad. Actuar resulta más fácil, no se precisan costosas explicaciones y la benevolencia de nuestros actos parece aflorar todo el tiempo por la mansa superficie de la realidad.
Todo resulta explícito en este “pequeño mundo”, porque está hecho de afecto, no de palabras. La palabra es el exceso, el pecado de soberbia que lo despliega fatalmente hasta el infinito. (El infinito por definición, es un laberinto).
Pero “este mundo” es muy frágil, esta hecho en parte de pequeñas renuncias y en parte de la materia del último sueño. Se rompe en un instante, como una pompa de jabón al roce del primer sonido articulado y al avanzar el día, apenas queda un vago recuerdo.
Sin embargo, algunas noches, este recuerdo, se convierte en un anhelo: ¡Si el mundo fuera más sobrio, más ingenuo, sería más fácil obrar bien!.


lunes, 23 de marzo de 2009

La dignidad.

La libertad de mi albedrío es tal vez ilusoria pero puedo dar o soñar que doy. Puedo dar el coraje que no tengo, puedo dar la esperanza que no está en mí, puedo enseñar la voluntad de aprender lo que apenas sé o entreveo.
J.L. Borges


La belleza perfecta, la bondad en estado puro no existen en este mundo, sino más bien sus limitaciones. Precisamente porque existen esos límites tienen sentido para nosotros la grandeza moral y la belleza estética. Examinando estos límites y la voluntad que alguien pone en traspasarlos, es la única manera que tenemos de llegar a apreciarlos.La dignidad humana se sustenta en la posibilidad de traspasarlos por decisión propia.

sábado, 21 de marzo de 2009

Reseña triste del Licenciado Vidriera.


Agilulfo, recibió la reprimenda de María, y aunque deseaba ardientemente regresar junto a ella, su alma estaba invadida por la duda y esto le producia una gran desazón. Comprendía que su actitud era dificil de explicar y prefirió justificar "sus temores", dejando en su buzón, esta particular reseña, de "un personaje bastante afín".

Tomás de Rodaja, es uno más de esos miles de niños abandonados a su suerte, que pueblan las calles españolas durante el siglo XVI. Un niño de ocho años mendiga por las riberas del Tormes y se ofrece como criado a dos estudiantes de holgada posición económica, a cambio de que le costeen los estudios. Emprende con ahinco el aprendizaje de la letras que continúa durante ocho años, hasta que los estudiantes a los que sirve, terminada su licenciatura, regresan a sus casas. El joven se ha ganado su amistad y ahora los acompaña, en calidad huésped hasta Málaga, su tierra natal, donde le ofrecen un medio de vida. Pero Tomás, incapaz de renunciar a la vocación de su vida que es estudiar, prefiere regresar a Salamanca. En el camino traba amistad con un capitán de infantería, que lo convence para que ingrese en el ejército, donde sirve ocho años en Italia primero y luego en Flandes. Reunidos por fin, los medios económicos, decide volver a Salamanca para poder terminar sus estudios. A ello se dedica, con una aplicación absoluta. Completamente absorto en el estudio, es incapaz de advertir el amor que su juvenil figura, inspira en una orgullosa dama sin entrañas, que despechada decide a modo de filtro amoroso, envenenarlo con un membrillo.
Tomás enferma gravemente y a punto está de morir; sólo a duras penas, después de largos meses de convalecencia, puede recobrar la salud. Pero en cambio, ahora aparece poseído por una extraña locura: la de creerse de vidrio. No deja que nadie se le acerque, y está convencido de que es tan frágil que en cualquier momento puede romperse como el cristal. Despues de unos años, toda Salamanca conoce la suerte del "licenciado vidriera", que pasa el día en las calles y plazas contestando de muy juiciosa manera a cuantas preguntas pedía que le formularan, componiendo con sus respuestas una crítica muy amarga de la sociedad y de la misma condición humana.
-Querida María, acaso no ves, en la extraña locura de Tomás, una metáfora de la precaria situación de la verdad en este mundo. El vidrio es transparente a la luz de la verdad, y refleja la virtud, que Tomás persigue desde niño. Pero también es el símbolo de la frágil materia que constituye el alma humana; cuya delicada inocencia se puede quebrar por la mentira, el orgullo o el despecho del amor mal entendido. ¡La aprensión de Tomás es la del hombre puro que quiere siempre ser fiel a sí mismo, que sufre ante los constantes peligros que le amenazan y tiene miedo a la vida!.
Cuenta Cervantes, que después de mucho tiempo, la asistencia caritativa de un sacerdote, logró que Tomás olvidara la extraña obsesión por la que se hizo famoso en Salamanca. Por fin, dejó de dormir en la calle y en los pajares, para convertirse en el licenciado Tomas de Rueda. Un joven de notable cultura y discreción, que sin embargo, fue incapaz de volver a encontrar motivo de alegría en este mundo. Y es por eso, que al poco tiempo, decidió regresar a Flandes como soldado. Allí luchó con arrojo y generosidad, exponiendo su vida en todas las acciones de peligro. "Hasta que por fin, la muerte, como un consuelo, vino a buscar a este infeliz, que nada supo del amor porque le fue arrebatado para siempre, con un membrillo envenenado".

jueves, 19 de marzo de 2009

La actitud

Desde que regresó del Carnaval María no había tenido noticias de Agilulfo, que no habia cumplido su promesa de venir a reunirse con ella. Se la veía triste y algo disgustada y éste fue el motivo de que le enviara por correo a Casa Contarini, la nota que sigue a continuacion:
Querido A.
La creencia en el destino como una losa que pesa sobre el mundo y sobre nosotros oculta una perniciosa actitud, la de tratar de eludir todo tipo de compromiso y de responsabilidad por nuestros actos. Ni admitiendo en un sentido amplio que no somos responsables de cuanto nos sucede en la vida, podemos evitar creer que no lo somos de las respuestas que damos a lo que nos sucede. Y en cualquier caso, siempre somos nuestras decisiones, más que como está al uso fingir producto de las de nuestros padres, nuestra religión, nuestro sexo o nuestro grupos racial o social.
Queramos admitirlo o no todos colocamos un modelo sobre nuestras “ingobernables emociones” que nos permite conducirnos adecuadamente y dar confianza a los demás de que hasta cierto punto somos fiables y coherentes. Este modelo es la actitud.
Quizá no podamos cambiar el mundo pero sí nuestra actitud. Cambiando de actitud podemos modificar nuestro rincón del mundo y acaso ya no tengamos porqué lamentarnos como víctimas de otras personas Oode nuestro triste destino.

Tuya, M.