domingo, 14 de junio de 2009

Senos: el misterio móvil.


A petición de Isis, por si le sirve de algo en su próximo certamen de poesía erótica.

Un día caluroso del mes de junio nos fuimos de visita al monasterio budista de la Alpujarra. Tras una larga excursión por la montaña, nos echamos a dormir la siesta en una cabaña del bosque junto a un río. Estaba muy cansado y me dormí profundamente. Tuve un enigmático sueño: Mi compañero de excursión, vestido extrañamente con el manto amarillo de los ascetas budistas, me preguntaba con evidente tristeza. ¿ Por qué me has abandonado?. Yo trataba de abrazarlo para consolarlo, pero al atraerlo a mi pecho, noté que ya no era mi amigo, sino una mujer por cuya túnica entreabierta asomaba un seno turgente. Entonces puse mi boca en él y bebí leche. Tenía un sabor dulce y fuerte y sabía a mujer y a hombre, a sol y a bosque, a flores y animales, a todos los frutos y a todos los placeres. Era una leche que embriagaba y hacia perder el sentido.
Me despertó un ruido en el bosque, parecido al sombrío graznido de un búho. Fuera, apenas había luz, las aguas del río proyectaban pálidos destellos por la puerta de la cabaña. Comenzaba a amanecer. ¿Cuantas horas había dormido?. Mi reloj había desaparecido de la muñeca y mi amigo había abandonado la cabaña. Después de llamarlo muchas veces, muy preocupado, tomé el camino que continuaba río abajo. Despuntaba el día, cuando llegué a una aldea desierta, que tenía una sola calle. A la salida, en un lavadero de piedra, una mujer joven lavaba la ropa. La saludé procurando no asustarla. La joven levantó la cabeza sin rubor y me miró con una sonrisa que hizo centellear fugazmente en sus ojos. Le pregunté, si había visto a mi amigo. Ella entonces se me acercó, su boca húmeda relampagueó un instante en su rostro juvenil; tenía un extraño parecido con la mujer del sueño. Me dijo que no había visto a mi amigo y en tono de broma:- ¿si yo estaba seguro de que había dormido con mi amigo en la cabaña del bosque?. Al decir esto, la muchacha apoyó su pie descalzo sobre mi pie derecho y el otro sobre mi muslo izquierdo, rodeándome la cintura con uno de sus brazos y pasándome el otro alrededor del cuello, gimiendo suavemente su deseo, como si deseara trepar por mi cuerpo y besarme en la boca*. Sentí que se me encendía la sangre, me incliné hacia la joven desconocida y bese la oscura punta de uno de sus senos. Al levantar la mirada, volví e encontrarme con su rostro sonriente lleno de deseo y con sus ojos entornados que expresaban la apetencia que la consumía. Como hasta entonces, nunca había tocado a una mujer, tuve un momento de vacilación... Pero en mi interior comenzó a brotar incontenible, el manantial del sexo, y ya mis manos se disponían a posarse en ella, cuando escuché estremecido una voz, que dijo: "No". Al punto se desvanecieron los encantos que emanaban del sonriente rostro de la joven. La voz que decía no; ¡Ay!, no era una voz interior; sino la de mi amigo, que me zarandeaba con violencia tratando de despertarme en la cabaña.
¿ Acaso, nunca os ha pasado, que el despertar, formaba parte del sueño?
*Esa postura es descrita en el Kamasutra como "trepar al arbol"

viernes, 12 de junio de 2009

¿Dios?

Dios existe si vives con alegría en una actitud audaz y generosa. No existe si vives con amargura y solo dentro de ti. Aunque practiques los ritos y pregones públicamente la fe. Dios es una actitud ante la vida, una forma de pasar por el mundo, como enseñó Jesús.

lunes, 8 de junio de 2009

Los fundadores

Al caer la tarde unos pocos nos reunimos en la playa, junto a las barcas. Las noticias eran preocupantes. Esperamos mucho rato para que llegaran todos. Aun faltaban algunos de nuestros vecinos, cuando salió una enorme luna llena sobre el mar. Aquella noche hacía frío, pero nadie se atrevía a encender una hoguera.
Un anciano que había comido el pan de la primera pascua con “El Pescador”, subió a la proa de una gran barca y dijo: Los extranjeros están a pocas leguas de aquí, son cientos de jinetes enmascarados, con caperuza y cota de cuero. Penetran en las aldeas de improviso y atraviesan con sus lanzas a cuantos encuentran, no hacen prisioneros, ni siquiera entierran los cadáveres. No distinguen el día de la noche, solo se detienen a saquear lo necesario para reponer fuerzas y continuar avanzando. No pronuncian palabras articuladas, solo un siseo sordo que ningún cristiano logra entender. No se sabe quien es su jefe, ni cuantos vienen detrás de ellos. Jamás se quitan la máscara de cuero renegrida que cubre su rostro. Nadie ha podido ver el rostro de estos enmascarados. Cuando alguno de los nuestros, emboscado entre los árboles, les acierta con una flecha, los jinetes apenas se detienen. Si el herido no puede cabalgar, de inmediato los suyos lo cubren con la capucha, le rocían la ropa con un líquido inflamable y le prenden fuego. Este proceder inhumano y los terribles alaridos del herido, mientras se quema, causan verdadero espanto.

Os he convocado aquí en la playa, porque ayer mismo, en esta barca, llegó el Obispo Pablo, portador de una carta con el sello del Pescador. Sus palabras son para nosotros un rayo de esperanza:

”Ocultaros de su vista hermanos, el destino de esta marea de demonios es arrasar y destruir. Es imposible contener la marea, pero pensad, que por alta que sea, tampoco puede ella contenerse a si misma. No os disperséis por las montañas, si os separáis, perderéis vuestras señas y vuestra fe y no podréis resistir. Tomad las barcas y los arreos de pescar, clavad estacas de madera en estas arenas fangosas, y haced vuestras casas sobre las islas de la laguna. Viviréis libres como las aves marinas, en hogares dispersos sobre la superficie del agua. Pescad, cazad las aves acuáticas, alimentaros de las algas, cuidad a vuestros ancianos y a vuestra prole. Vuestros alimentos serán los mismos y vuestras casas parecidas entre si. No hagáis distinciones entre ricos y pobres y la envidia que gobierna el resto del mundo os será desconocida. Dedicad las energías al cuidado de las salinas, en ellas reside vuestra prosperidad y la capacidad de adquirir las cosas que necesitéis; pues aunque puede haber hombres que apenas aprecien el oro, no ha nacido aquel que no desee la sal. Mantenéos diligentes en la reparación y el perfeccionamiento de estas embarcaciones, que como caballos permanezcan amarradas a las puertas de vuestras casas, pues de ellas depende vuestra seguridad. No serán la frágiles acacias y mimbreras las que sostendrán el terreno frente a la saña del océano, la firmeza de vuestro baluarte solo puede asentarse en la unión y en fortaleza de vuestra fe. No olvidéis la penitencia, practicad la oración, guardad en el arca de vuestro corazón las enseñanzas del Señor.Tened paciencia, aguardad unos años. Las hordas de los bárbaros se sucederán en los tiempos zarandeándolos, como al navío en medio de la tempestad. Pero recordad, que por poderosas que sean las olas, su destino no es otro que destruirse antes de llegar a la arena de la playa. Cuando los extranjeros no hallen nada, ni a nadie, en su paso, ellos mismos se destruirán en luchas intestinas y acabarán exterminar su simiente. Entonces será el momento de regresar a tierra firme, para proclamar nuestra fe, como quería “El Pescador”.


domingo, 7 de junio de 2009

El Problema de la libertad

Resulta difícil creer en la libertad humana como un absoluto: actuamos bajo presiones externas y por necesidades internas. La frase de Schopenhauer: “ Una persona puede hacer lo que quiere, pero no puede no-querer lo que quiere” me bastó desde muy joven.
Vivir es elegir necesariamente entre opciones. Esta “necesidad” de elegir constituye el núcleo del problema de la libertad. Las opciones no son infinitas, sino solo las que se atemperan a nuestra circunstancia. Elegir una implica rechazar las demás posibilidades, avanzar un largo trecho en una dirección sin retorno, hasta alcanzar una nueva encrucijada, donde de nuevo, necesariamente, tendremos que sortear otra elección.
El problema queda así planteado: A lo largo de esta peregrinación por el mundo que llamamos vida, el hombre se ve abocado a elegir entre opciones diversas. Cada elección supone el sacrificio de otras opciones. Las opciones son cada vez, más escasas, el sacrificio cada vez mayor. La última “opción” irremediable es la muerte.
El arte de saber vivir dignamente es el de saber sacrificar lo menor para poder preservar lo importante. El problema de la libertad entronca así con el de la conducta moral.

viernes, 5 de junio de 2009

El último demonio.

"El infraescrito demonio, da fe de que ya no quedan demonios"¿ Para qué más, si el hombre es de por sí un demonio?. ¿De qué sirve persuadir a hacer el mal a alguien que ya está convencido?.
Yo soy la última de las persuasoras, vivo en un ático de Bruselas, y obtengo "mi sustento" de un ordenador.
No me preguntéis como me las arreglé para llegar aquí. Cuando Asmodeo manda algo, hay que obedecer sin rechistar. Hace tiempo que “allí abajo” se venía pensando en la necesidad de poner al día los polvorientos archivos.
El caso es que de repente y sin saber cómo, me vi involucrada en el asunto. Desde luego mi delicada situación, tras el encontronazo con Baalberith, era la menos apropiada para ponerme a hacer alharacas. Como suele decirse llevaba años bailando en la cuerda floja. Así que no tuve más remedio que aceptar “mi traslado”.
Por otra parte, mi francés siempre ha sido bastante aceptable y el paisaje de Bruselas no me era del todo desconocido. Fue precisamente aquí, donde me labré la desgracia, mientras acompañaba al encarnizado Baalberith en la ofensiva alemana de 1941. El homicidio era entonces cosa frecuente en estos pagos. ¡ Qué grandes inventos: la patria, la raza, la nación!. ¿ Qué se supone que debe hacer una vieja embaucadora, en medio de tanto asesino?. ¡Si no quedaba el más leve resquicio para profesar el viejo arte de la seducción; nada quedaba del noble oficio diabólico!. “Muerto el perro se acabó la rabia”, éste era el lema de aquellos tiempos. ¡ Qué le voy a hacer !. Será cuestión de carácter, pero me da repelús la brutalidad. Y cometí el error de dárselo a entender a quien no debía.
¡Para qué más!. La envidia entre los diablos es cosa bien sabida. Mi destitución sembró el general regocijo entre los burócratas del Archivo Central. Me enviaron a los sótanos a limpiar el polvo de toneladas de legajos y expedientes.
Por eso ahora, me produce cierto regodeo, que mi trabajo haya puesto en entredicho la utilidad de la hasta ahora intocable Oficina del Archivo Central. Por una vez, mi reducido tamaño, motivo de tantas burlas, me sirvió para que se me encomendara esta misión. Debo decir que soy un espíritu diminuto. Lo que se dice “una diabla menor”, en la verdadera acepción de esta palabra. Que por mi condición diminuta, pudiera ser remitida en tan sólo una unidad de información, como otro cualquiera de los virus informáticos, cuadraba de maravilla con los planes del Jefe. Para quién los criterios de economía y eficacia se han convertido en una auténtica obsesión.
Como me temía, encorsetada en los escuetos límites de un solo “bit”, el viaje no fue muy halagüeño. Si se puede llamar viaje, al fogonazo que me catapultó de narices contra la dura pantalla de un monitor. Mi vida ahora es un continuo trasegar por los circuitos de la salas de ordenadores del último piso de la sede de la Comisión Europea. Si supierais como añoro, aquella antigua manera de viajar. Cuando la mullida oreja de un buey o la socorrida mochila de un buhonero prometían un viaje lleno de alicientes.
El trabajo consiste en recopilar y enviar, cuanta información pueda interesar en el infierno. Tengo entendido que este material ha provocado una auténtica conmoción allá abajo.Están tan atareados en compaginar la superabundancia de información con los criterios de economía y eficacia que hace años que no me topo con ningún colega.
Al parecer tal y como van las cosas, allá abajo se ha creído innecesaria cualquier tipo de intervención en este mundo. El jefe ha apostado por la realidad virtual y nos inunda con e-mails en los que da por sentado, que en breve, el mundo “finiquitará” con un caos irremediable.
Mientras tanto; suelo pasar el tiempo observando através de las pantallas, como se afanan por nada estos bien alimentados funcionarios de la Comisión. ¡Cuando tengo un rato libre, doy en pensar que en este mundo ya no hay necesidad de demonios!.

lunes, 1 de junio de 2009

La puerta del Paraiso

Escena de Noe, Puerta del Paraiso. Baptisterio de la catedral de Florencia.

Lo que sigue es un fragmento del excelente artículo, que publicó, ayer domingo, Jose María Herrera en el Imparcial Digital, con el título: Diario de la amargura.



"Cuando un turista va a Florencia y se detiene delante de la Puerta del Paraíso, en el Baptisterio, quizás para acabar el helado o para hacer la cola de la cúpula del Duomo, es difícil que resista la tentación de echar un vistazo a las escenas allí representadas. Si pertenece a la generación anterior a la ruina de las humanidades, el viajero identificará fácilmente, entre otras historias bíblicas, la de Noé, aunque sin duda se sorprenderá al constatar que el arca tiene la forma de una pirámide. Hay que haber cursado algo más que el antiguo bachillerato para saber que esta pirámide es un guiño a los partidarios de Orígenes, autor del siglo IV censurado por la Iglesia, y concretamente al descubridor de sus homilías, Ambrosio Traversari, amigo del escultor. Nadie necesita conocer todo esto para apreciar la calidad de la obra, desde luego, pero no es lo mismo mirar la Puerta de Ghiberti y no ver nada, que rememorar por su intercesión un episodio del Génesis o las querellas acerca del significado místico de las matemáticas que se remontan a la época en que Hugo de San Victor escribió De arca Noe morali. Una puerta, digámoslo así, es a veces más que una puerta.
Los seres humanos tenemos dos vidas, una contante y sonante, de carne y hueso, cotidiana y externa, y otra interna y maravillosa, hecha de imaginación, lo que no quiere decir en absoluto irreal o absurda. La improbable convergencia de ambas vidas explica que a los hombres nunca nos baste el mundo. Por eso soñamos. Con la ínsula Barataria o el harén del sultán de Rajputana, da igual. Los sueños repetidos acaban adquiriendo tanto o más peso en nuestras existencias que las realidades evanescentes del día a día. Cómo nos vaya en general depende de que sepamos conciliar los dos órdenes. El placer de viajar guarda relación con ello. El viaje nos aleja del escenario donde representamos nuestro papel cotidiano y nos transporta a un mundo en el que es posible liberar nuestro yo oculto, ese yo que sueña e imagina. Claro que para eso hace falta un yo oculto. Sin cultura, sustancia de la vida interior, no hay viaje que valga y hasta las visiones de los narcóticos son simple rutina. Se ve lo que se sabe y cuando no se sabe no se ve; no se ve la pirámide, ni el arca, ni a Noé, ni nada de nada, sólo una puerta de bronce, y puede que ni siquiera eso porque quizá estábamos muy atareados fotografiándola y no reparamos en ella".

"Inteligencia"

A caso, lo único invariable en lo humano, sea la facilidad para cometer error.

A esta “cualidad” se une la de tener que adaptarse con mucho esfuerzo y no sin dolor a la nueva situación que ese error ha provocado. ¡A eso solemos llamar inteligencia!.