miércoles, 18 de febrero de 2009

El carnaval desde "la altana".


Al caer la tarde, las calles y las plazas estaban a rebosar de gente. Una enorme multitud de turistas abarrotaba los Campi de Santa Margherita, Sant Angelo y San Stefano y entre ellos abriendo un cauce un cortejo procesional se movía frenéticamente, ora al son de los tambores, ora al más entonado de los guitarrones y de las canciones de amor. Eran las llamadas Compagnie Della Calza. Una de ellas, especialmente famosa, los Arditi, (los valientes) capaces de representar la todos los personajes de la comedia del arte, pertenecían Alvise y sus amigos. Para desfilaren ella, además de música y canto, había que saber ejecutar malabarismos y las cabriolas propias de los saltimbanquis, e interpretar fielmente las gesticulaciones y mañas de los actores de La Comedia . Era la ultima de las comparsas y su salida casi al anochecer, era esperada con interés por el público que escuchaba sus canciones y seguía sus evoluciones, sus bromas y pantomimas, como si de un gran espectáculo teatral se tratara.
Mientras contemplaba la vieja ciudad desde “la Altane” en la azotea de la casa de Contarini, me pareció que Venecia en Carnaval era como una mujer madura de belleza legendaria, que encubre con su mascara, el inevitable paso del tiempo y atrae por su encanto tanto a los fieles admiradores como a otros muchos principiantes que ansían conocerla. Cierto que el inexorable, paso de los años, produce manchas bajo sus ojos, algunas arrugas en torno a los labios, la pérdida de tersura de sus pómulos, pero eso no nos impide reconocer, la belleza inmortal de sus calles y canales, de sus plazas y sus iglesias, de sus pinturas en el Museo de la Accademia. (En decenas de museos, de iglesias, en sus scuolas de las cofradías y en las casas señoriales). Ya no existe la soberbia de otros tiempos, cuando ella, era el asombro del mundo. La máscara encubre una melancólica decadencia, que le presta toda la magia de las cosas eternas e inaprensibles.
En pleno siglo XXI, todas las primaveras, durante los diez días del carnaval, con su todavía atractiva figura, Venecia se ofrece sugerente y misteriosa, sin perder nunca su dignidad a quien la sepa amar de corazón.

Venecia existe gracias a la laguna.

Miguel y Alvise han salido a ocuparse de sus negocios, y yo me he puesto a enviar por email a los amigos los parabienes de mi llegada. Jorge ha aprovechado para enviarme esta semblanza sobre el origen de Venecia.

Venecia existe gracias a la laguna. Las aguas pantanosas del Brenta, del Sile, del Piave, y más al sur, las del propio Po, constituyeron el único refugio para la población romana, en el momento las crueles invasiones de los pueblos Godos, y luego más tarde de los Hunos. La tradición cuenta que la ciudad de Venecia se funda once años después de que Alarico, rey de los Ostrogodos, saqueara Roma . Eran las doce menos cuarto, del mediodía del viernes 25 de marzo del año 421. (¡Mira que es detallada la tradición y sin embargo nada cuenta sobre si ese día estaba nublado o hacía sol!).
La laguna ocupa unas doscientas millas cuadradas, el agua es salobre. Habrás visto desde el barco, que hay muchos postes de madera y pilastras, es porque hay zonas en la laguna, donde el agua es lo bastante superficial para que un hombre pueda vadearla sin mojarse más allá de la cintura. Pero en otros lugares, las aguas son atravesadas por profundos canales, tachonados de peligrosos bajíos, formados por el légamo pegajoso de los ríos, de tal suerte, que sólo el profundo conocimiento, de los pilotos de las naves venecianas, les permitía la entrada o la salida desde el mar.
Ninguna ciudad ha estado tan comprometida, desde su fundación con el mantenimiento de su entorno acuático. El control de los ríos que afluyen, el drenaje de los canales, la contención de las olas y las fuertes mareas marinas, la limpieza de la laguna y el mantenimiento del ecosistema eran desde siempre, cuestiones vitales para el Estado. La República, debía conservar a toda costa ese aislamiento, que le había permitido prosperar fuera del alcance de sus enemigos. Sobre este medio acuático único en el mundo, tambien sobre la enorme cohesión de sus habitantes y de sus instituciones, Venecia va a ir creciendo desde los simples palafitos aislados, hasta el poblamiento masivo de todas las islas y extendiendose a lo largo de la costa adriática. La Serenisima República supo cimentar sobre fuertes pilares las construcciones, a pesar del terreno fangoso del archipiélago, y supo también consolidar su exclusivo comercio con Oriente, a través de Constantinopla y Egipto y un poderío naval sin igual, que serán al fin y al cabo los dos fundamentos su riqueza y de su grandeza.
Desaparecido el poder de Roma, la República Venecia, pese a su relativo tamaño y su mediana población, fue durante muchos años el poder más sólido y mejor estructurado del Mediterráneo.

martes, 17 de febrero de 2009

Llegamos a Venecia.


Cuando llegamos al aeropuerto de Venecia, tomamos un pequeño barco que traslada a los pasajeros hasta el Zattere en el Canal de la Giudecca. Desde el muelle, solo tuvimos que andar unos pasos y nos encontramos ante una hermosa casa de tres pisos del siglo XVIII, situada en el corazón del Sestiere de Dorsoduro, es la residencia del célebre musicólogo Alvise Contarini. Allí en el tercer piso abuhardillado vive también, su sobrino,también llamado Alvise, el amigo de Miguel, quien nos habia ofrecido alojamiento. Alvise y Miguel habían sido compañeros de estudios en Padua y en Bolonia, y habían viajado juntos por Italia, y Europa. Con sus contactos familiares en Venecia, Alvise había introducido a Miguel como un joven y aventajado luthier, en el mundo de los prestigiosos ensembles de música barroca, que se ganaban admirablemente la vida aprovechando el tirón del turismo en la ciudad y en otras ciudades emblemáticas europeas.
El barrio de Dorsoduro no sufre las grandes aglomeraciones del turismo, que únicamente asoman a la punta externa, para contemplar la fastuosa mole barroca de La Salute, el edifico de mayor altura de Venecia. Dorsoduro conserva en sus edificaciones cierto aire de pueblo dentro de la ciudad. Posee una larguisima riva o paseo marítimo, junto al Canal de la Judecca, con unas preciosas vistas a esta isla y la de San Giorgio Maggiore,
y ya desde primera hora de la tarde del martes de carnaval se pobló de un gentío enmascarado alegre y bullicioso...

Consideración histórica del viaje.

Hermes.
"El mensajero de los Dioses"
representa "otra" concepción del viaje.


No pude reprimirme por más tiempo y comenté a mis amigos que a mediados de esta semana, pediría un permiso en el trabajo para acudir unos dias con un amigo al Carnaval de Venecia. De inmediato, fui hábilmente interrogada por Montse y Ramón sobre todas las circunstancias, muy en particular las relativas el chico en cuestión.
Jorge que permanecía en silencio tomó entonces la palabra y mirándome con un especial brillo en los ojos, como si las palabras fueran dirigidas especialmente a mi dijo:
Un viaje comienza mucho antes de la fecha señalada para la partida o no comienza.El ajetreo de la preparación, la salida, el trayecto, la locomoción, la estancia en el lugar de vacaciones, suelen ser penosas situaciones, "cuando uno no sabe dónde va" a pesar de la guía ilustrada que lleva en el bolsillo.
El viaje en un sentido más profundo exige una estrategia de aproximación que sólo se encuentra en el mapa moral que uno sea capaz de confeccionarse antes de partir. El viaje como el amor, exige una condición mental, es una dimensión del alma que se estropea cuando se codifica.
Del mismo modo que las malas películas y las novelas rosas han banalizado el amor en pareja con los resultados que todos conocemos, las oficinas de turismo han trivializado el sentimiento viajero, despojándolo de todo significado trascendente.
El viaje como institución aparece a mediados del siglo pasado, convertido en la industria del turismo, que a través de una gran planificación económica se ha extendido, durante la segunda mitad del siglo XX a la gran masa de la población en el mundo occidental. Hasta el punto de convertirse en la principal fuente de ingresos para muchos países. El mercado del ocio, del que forma parte el turismo, ha producido las más grandes fortunas del planeta.
El hombre "necesita" la evasión; trasladarse de un lugar a otro, para dar la sensación de que así se recorre a si mismo.

domingo, 15 de febrero de 2009

Reseña de Los Buddenbrook. .

La llamada casa de Los Buddenbrook en Lübeck.


Thomas Mann nació en Lübeck en 1875 en una acaudalada familia de comerciantes. Allí vivió hasta que en 1891 se trasladó a Munich. Cuando sólo contaba con 25 años escribió Los Buddenbrook, una deliciosa novela en la que describe la decadencia económica de una familia de Lübeck entre 1835 y 1877, que probablemente sea una transposición de sus propios recuerdos autobiográficos. La obra con una prosa cuidada y una elegancia exquisita, no pasó desapercibida en Alemania ni en el resto de Europa. Al parecer en 1918 ya se habían vendido más de cien mil ejemplares. En medio de las turbulencias ideológicas de la Europa de comienzos del siglo XX, en esta novela no hay una proclama política novedosa o una tesis antropológica al uso, como quizá cabía esperar en un joven idealista en la convulsa Alemania de pre-guerra. Sino por el contrario una equilibrada descripción de la vida de una familia de la alta burguesía en una ciudad alemana, antes de la Unión Aduanera y durante el proceso que la llevaría a formar parte de la Alemania Unida.

La saga de la familia Buddenbrook abarca cuatro generaciones. La del abuelo un hombre todavía un poco a la usanza del Siglo XVIII, que funda el negocio de importación de cereales y representa el máximo grado de esplendor de la familia en la ciudad y en el seno de la antigua forma de vida . La de su hijo el cónsul de los Países Bajos, con su ferviente religiosidad como única arma contra la fatalidad y que parece ya, no adecuada a los tiempos de la revolución social de 1848 y del ascenso de la pequeña burguesía al poder político. La tercera generación es la de sus hijos: el senador Thomas y su hermanos Tony y Christian, auténticos protagonistas de la acción de la novela, y finalmente, la cuarta generación es la del bisnieto del fundador, Hanno: un personaje torturado de una sensibilidad artística y enfermiza.

La razón de ser de la propia ciudad de Lübeck, -capital de la Hansa durante la Edad Media- es el ideal del buen comerciante que sostiene con su esfuerzo la prosperidad de la comunidad. Del mismo modo, el sentido del deber y del sacrificio personal en aras de la prosperidad material, implícito en la ética protestante, es también la razón de ser de la familia Buddenbrook. Cada personaje de esta larga saga familiar (la novela tiene casi 800 páginas), y describe 42 años en la vida de la familia, se ve forzado a adoptar una posición personal, sobre este particular, en atención a sus circunstancias, a su sexo y al tiempo que le ha tocado vivir. En un esfuerzo continuo contra la realidad cambiante, los miembros de las nuevas generaciones de la familia verán como los mismos valores que propiciaron el éxito del negocio, se convertirán en el motivo de asfixia de las vidas individuales, y el mismo afán de distinción que los animaba, en el caldo de cultivo para una sensibilidad que se aleja de la disposición necesaria para el éxito mercantil.

El entusiasmo

Jorge
El domingo salió un día nublado, húmedo y desapacible. Acudimos a nuestra cita en casa de Jorge, a quien estuvimos ayudando a plantar ajos en su exquisita huerta. Jorge se llenaba de entusiasmo cuando comentaba cada uno de los pormenores de las tareas de la huerta a las que dedicaba una buena parte de su día. Según él, le mantenían en contacto con el flujo de las cosas terrenales: con la lluvia, el viento, el sol, la luna y sus fases, la tierra, la germinación de las semillas,el crecimiento de las plantas, las cosechas de los frutos; y además estas tareas constituían un ejercicio suave, ideal para su edad.
El entusiasmo por la vida nos dijo, tiene una doble faceta: el entusiasmo por las personas- el amor- del que ya hemos hablado y nunca nos cansaremos de hablar, porque es el asunto principal de nuestra vida; y el entusiasmo por las cosas que es de lo que hoy quiero tratar.
Tomó "uno de sus libros iguales" y nos leyó el siguiente comentario: El cerebro es una extraña máquina que puede combinar los materiales que se le ofrecen de las más asombrosas maneras; pero sin materiales del mundo externo es impotente. Pues, los acontecimientos se convierten en experiencias, sólo cuando nos interesamos en ellos; si no nos interesan, no nos sirven de nada.
Las variantes del interés son innumerables, ( recordemos la capacidad de observación de Sherlock Holmes, tras encontrar un sombrero en la calle). Sin embargo, en una vida saludable debe existir equilibrio entre actividades diferentes y ninguna de ellas debe exacerbarse hasta el punto de impedir el desarrollo de las demás. Todos nuestros gustos y deseos para producir alegría deben ser compatibles con la salud, con el cariño de las personas que queremos y con el respeto de los deberes sociales perentorios.
El entusiasmo por la vida persigue el placer. Es contrario a la abstinencia, no a la moderación. Porque todo placer tiene su límite en el dolor, con el que va entreverado y que es preciso admitir, si queremos disfrutar. La templanza es el arte de disfrutar de los placeres, sin embotar la sensibilidad y sin anular la bendita y frágil corporeidad que nos sustenta.
Este arte en una sociedad de consumo posee dos reglas: “Gustos sencillos y una mente compleja”. Justo lo contrario de lo que vemos a nuestro alrededor, donde abundan las personas sumamente sofisticadas en cuanto a sus caprichos, que todo lo quieren más abundante, más duradero, más frío, más caliente o con más prestaciones electrónicas y de una simplicidad casi reptiliana en sus ideas: bueno-malo, amigo-enemigo, blanco-negro.



sábado, 14 de febrero de 2009

Del pasado efímero


La primera regla de una mente bien estructurada debería ser acostumbrarse a contemplar la propia vida como un camino.

A veces trato de recordar aquellos primeros años de mi vida, siempre he sentido curiosidad por averiguar cual de aquellos sucesos infantiles fue el primero en el tiempo. En que momento atravesé esa imperceptible barrera que nos conduce de la nebulosa y de la nada a las primeras sensaciones conscientes. Porque sin duda, debe haber una frontera en el tiempo, que un niño o una niña, atraviesa cuando comienza a pensar y a recordar; entonces decimos que alcanza uso de razón.
En mi memoria se agolpan todos los recuerdos de aquellos primeros años. Son el producto de relatos familiares mil veces evocados y finalmente asumidos como propios. Recordar es como extender sucesivas capas de pintura sobre una superficie cambiante: la memoria.
El pasado, eso que nos parece tan estable, no es más que una fortuita selección de hechos imaginarios, que al cabo de un tiempo son como animales extinguidos.
En el silencio germinal del pasado nos esforzamos vanamente por oír las semillas que se remueven en la mente. Quisiéramos sacarlas a la luz del auto-reconocimiento. Pero nuestra visión de la realidad, como la de nuestra propia historia está condicionada por nuestra posición en el espacio y en el tiempo. No por nuestra personalidad como nos empeñamos en creer. Dos pasos al Este o al oeste, un accidente, una enfermedad y todo el cuadro cambió.
No se me oculta que las reliquias de la sensación, el esbozo de unos hechos pueden existir durante un tiempo indefinido en estado latente, en el mismo orden en que han sido impresos en nuestra memoria. Cada psiquis es en realidad un semillero de predisposiciones antagónicas. ¿Cómo y por qué brotan nuestros recuerdos?.
La personalidad, el auto-reconocimiento como una entidad con atributos fijos es una ilusión a la que no tenemos más remedio que agarrarnos, si queremos vivir. Admitir lo contrario sería resbalar por una peligrosa pendiente hacia la esquizofrenia.