domingo, 4 de enero de 2009

Ramón. Su ¿Visión de la invisibilidad?.



Los tres primeros días del año fueron lluviosos. María estuvo en casa, como siempre encontró en su correo la felicitación de Montse, que estaba de viaje y la de Ramón que proponía una nueva excursión por la vecina sierra apenas parara de llover. Montse y Ramón, eran dos forofos del montañismo, quizá por no ser todavía una pareja eran inseparables. María pasaba buena parte de sus vacaciones de verano, recorriendo con ellos los Pirineos.
Ramón era un tipo de unos treinta años, pequeño de estatura, su rostro era agraciado, tenía las facciones regulares y los ojos grandes y expresivos. Solía hablar poco y María valoraba que nunca parecía tener prisa y siempre estaba dispuesto a escuchar. Su compañía era agradable, su trato era tan fácil que apenas se notaba. Una mirada atenta, una sonrisa en los labios, un buen carácter, en suma. Y esa forma inocente que tenía de pasarle el brazo, casi con esfuerzo por encima de los hombros. María sospechaba que Montse estaba secretamente enamorada de Ramón, y a veces se sorprendía envidiándola por ello. Ramón no le atraía físicamente, pero en cambio, siempre lo pasaba muy bien con él, era un buen hombre y les unía una gran simpatía.

¡ Pero Ay... no es el amor acaso más auténtico, cuando nace de la simpatía y no del deseo; así desde luego, no deja heridas!.

El cuatro de enero, por fin dejó de llover, y pude salir con Ramón de excursión. Sin decirle nada, lo llevé al soto, al paraje en que unos días antes me había encontrado al caballero. No había ni rastro de él. Me fijé en que sus pisadas, bien marcadas en el barro, conducían a una pequeña cabaña de pastor. Allí quedaban los restos de una hoguera, probablemente había pasado aquí la noche. En el marco de la ventana encontré una guirnalda de rosas silvestres y un sobre con mi nombre.
La nota contenía una enigmática despedida. Agilulfo me decía que sólo era dueño de su voluntad, no de su destino. Que su voluntad habia sido quererme como mujer, pero su destino, que era reservado, se lo vedaba. Que siempre me tendría presente en su corazón y que si yo quería volver a hacerlo presente pensara en él. Su figura sólo podría volver a hacerse explícita a mis sentidos a través de la llama del recuerdo. - "El recuerdo, para un barco perdido en el mar, es como la luz de un faro en la costa; tenlo presente: como la lamparilla de aceite, con la que la amada espera despierta, a que su amado regrese por la noche. ¡No debes dormirte, amor mio!. "


A Ramón le sorprendió mucho de todo esto y tuve que contarle toda la historia con detalle, si bien le hice prometer que no la referiría. Cuando terminé de contársela, reaccionó de una manera extraña, pues estuvo un rato comprobando si habia o no otras huellas de pisadas en el prado, que no fueran las de entrada en dirección a la cabaña. Y no pronunció palabra en todo el camino de regreso a casa.
Para despedirse me dijo: - Has pensado alguna vez en las posibilidades de poder actuar a capricho para un ser que sea invisible. Nunca podría ser reconocido y mucho menos inquietado. En un ser así tiene que haber algo maligno, pues la invisibilidad y la impunidad son dos de las condiciones que inclinan siempre el alma humana hacia el mal.

Version eléctrica de la 1ª parte de la sonata del diablo de Tartini. Shaphira


sábado, 3 de enero de 2009

Vive en el mundo, pero no seas del mundo.



Agilulfo es un caballero andante enamorado. Sabe que su amor no puede ser físico, no puede tener cumplimiento en una mujer determinada, aunque sea tan hermosa como María. Su espíritu fue insuflado a la vida, hace más de mil años, no para que se entregara con un amor absoluto a una mujer; ¡ un amor con en el que jugarse el todo por el todo!, sino para profesar entre los humanos, los sentimientos que ese absoluto anularía: la solicitud, la atención, la compasión, la ternura... ¡ Por igual entre todos ellos!.

Este tipo de amor, como enseñó Jesucristo, sólo cuadra con una visión contemplativa de la vida; el enseñó: “Vive en el mundo, pero no seas del mundo”.

Ese tipo de amor exige sobre todo atención y cuidado: la postura del espectador, de quien observa espectante y está preparado es la que más conviene al amor. Quien contempla la vida está más cerca del amor que quien se deja arrebatar por ella.
El mundo físico está compuesto de materia y de las formas que adopta esa materia. A lo largo del tiempo, las formas aparecen, se transforman y desaparecen. Nuestro cuerpo, nuestros amigos y nuestros seres queridos, los lugares, los trabajos, nuestras capacidades y oportunidades; todas estas cosas aparecen, se transforman y desaparecen. Si consideramos que todas estas apariciones, transformaciones y desapariciones son amenazas para nuestra seguridad, reaccionaremos con miedo. Si las consideramos como momentos de misterio que se desvelan ante nuestros ojos, responderemos con amor.


Ave Verum Corpus. W.A. Mozart

En la fiesta con María.



Cuando María llegó, la fiesta estaba muy ambientada. Casi todos, eran gente conocida, antiguos compañeros de clase y de escapadas nocturnas, que habían comenzado a trabajar o se habían casado y se encontraban en el antiguo lugar de reunión, el chalet de los padres de Carlos, que prácticamente no aparecían por su segunda residencia.
Muchos de los amigos de María, no hacia aún diez años que habían terminado la carrera y todos conservaban ese aspecto juvenil imprescindible para que podamos ser indulgentes con su borrachera.¡La juventud es una gran cosa, una gran fuerza creadora... mientras no se comienza a pensar en ella!.
El grupo lo componían unos veinte jóvenes, el cava, la música y el baile, habían desinhibido bastante al personal y la entrada en el salón, de la hermosa María , fue saludada en broma por algunos de sus amigos, con vítores de alegría. El aspecto de la chica, según la opinión masculina general era “un deleite objetivo”, es decir que seguía siendo la tía más buena de la clase.
María comenzó a saludar a los invitados que estaban con las chicas y cuando llegó al grupo de bromistas, en lugar de besarlos, se paró en seco y también en broma, hizo un gracioso mohín de enfado, dejando caer las comisuras de su boca hasta dibujar una profunda coma en cada mejilla. Sin duda para ella debía ser un instante de secreta complacencia. Para el resto de la mujeres, María evidentemente halagada, se permitía rechazar públicamente ese tipo de elogios, pues en el fondo se creía merecedora de que la elogiaran de un modo más sutil. Un cierto silencio en el ambiente delataba la envidiosa vigilancia del sector femenino.
Por suerte, Maria tenia una buena amiga Carlota, que intervino de inmediato llevándosela del grupo de moscones que esperaban su turno para besarla. Carlota era la mejor amiga de María y resultaba popular, por poseer un raro don femenino, el de saber apaciguar las tensiones con una salida ingeniosa que a nadie ofendiera. En este caso empleó, una casi olvidada comparación del escritor Boris Vian, que por rebuscada y pedante, resulto cómica:
Ordinariamente una linda muchacha tiene ocasión de numerosos contactos con sus semejantes, del mismo modo que una rebanada de pan con mermelada tiene más probabilidades de reunir información sobre la anatomía y las costumbres de los dípteros que un estéril y granujiento pedernal ”.

El tema de las conversaciones aquella noche, cada cual en su estilo era único, la queja por el paraíso perdido de la vida de estudiante.¡ Ah, la buena y hermosa vida, la vida ideal del inmediato pasado en común!. Sin las preocupaciones por el paro, el curro o la miseria del sueldo que no llega para pagar el alquiler o la hipoteca, reinaba la verdadera amistad. Tan verdadera que en ningún caso excluía el sexo; al menos de boquilla. ¡Antes todo era más fácil, mejor, más divertido y auténtico, sin las responsabilidades y cargas personales!. Carlos estaba desolado y sólo encontraba consuelo en buscar el roce con María; poco antes en el jardín Miguel había hecho exactamente lo mismo y María se prestó al juego con gusto, consciente del valor de estas caricias robadas como conjuro temporal contra la soledad. ¿ Podrán acaso dejar de ser las emociones retrospectivas, retroactivas?.


Pero la noche se alargaba… ella no había querido beber. Por suerte o por desgracia su anterior experiencia ya la había dolorosamente inoculado contra esta canción mítica: "la falsa idealización del paraíso perdido". Daba igual que se llamara, Miguel, que Carlos, que Javier, ninguno encontraba nada que decirle que antes no le hubieran dicho y callado mil veces. Ellos la besaban, y mientras lo hacían, María no podía dejar de sentir que los besos y el mismo sexo se inventaron para traducir en heridas, estas nadas.

Los seres humanos son como órganos, pensaba. ¡Hoy fin de año, toca exaltarse, divertirse¡. Se aprieta una tecla que dice “amigo”, “amante” o “madre” y suenan enseguida las emociones que la situación requiere, lágrimas, suspiros, o caricias. A veces pienso en nosotros, más como productos del hábito que como criaturas humanas.

No quiso terminar la fiesta acompañada, y prefirió regresar a casa sola. Casi amanecía, pidió un taxi y durante el trayecto, se le vino a la cabeza el extraño personaje que la había abordado aquella tarde, con el que sin saber porque había surgido una simpatía.


"Ya nada volverá a ser como antes". El canto del loco.

La sombra de Carlomagno. Consideraciones sobre "La Historia".



Atender a la historiografía, que es el arte de narrar la historia, es una buena forma de entender y de interpretar la historia.
El legado de un historiador, no puede comprenderse correctamente, sin examinar en que medida su propia época ha contribuido en esta formalización de su “ testimonio”.

Como esto resulta especialmente relevante en los grandes hitos y personajes del pasado, hemos pensado en Carlomagno, pues pocos personajes han sido centro de mitos, leyendas y creaciones poéticas, tan reiterada y persistentemente como el emperador.

De la persona de carne y hueso que vivió entre los años 742 y 814, conocemos la descripción física hecha por su primer biógrafo Eginhardo, cortesano de palacio, que veinte años después de su muerte, lo describe como un germano corpulento, de vientre prominente y elevada talla. (Un metro noventa de estatura, conocemos sus proporciones por una estatuilla ecuestre del S IX, encontrada en el tesoro de la catedral de Metz). Sabemos de su afición a la caza y a las carnes asadas, de su parquedad en la bebida y de su preferencia por vestir a la usanza de los francos.
Su actividad política y militar suscita en nosotros inmediatamente, la imagen del vigoroso jefe, del victorioso conquistador que integró en el Reino Franco, la mayor parte de Europa Central y Oriental.
También sabemos, que pese a la importancia cultural y política de su obra, pasados apenas treinta años de su muerte se disgregó la unidad de la monarquía franca, la dignidad imperial subsistió como mera apariencia y la pretendida génesis del Imperio Cristiano Occidental, se hundió durante siglos en las pantanosas aguas del feudalismo.

Sin embargo la figura del Emperador estaba llamada a proyectar su sombra sobre cada uno de los siglos que jalonan la historia del Occidente europeo. Distintas circunstancias harían la aureola de su reinado, como una edad de oro. Carlomagno encarnará uno de los mitos recurrentes de toda civilización: la recuperación de la perdida felicidad del pasado. Las sucesivas generaciones irán formulando la valoración ética y política de su obra, hasta formar un amplio abanico historiográfico, que surgido nada menos que en el Siglo IX, llega hasta nuestros días.


Este proceso historiográfico es el que nos proponemos analizar, porque da cuenta, más que de la significación real de Carlomagno, de cuales eran las aspiraciones y las verdaderas convicciones de las distintas épocas que lo fueron formulando. Y así ejemplificar cual puede ser el sentido de esta suerte de saber, que llamamos conocimiento histórico y en el que ocupamos nuestro tiempo.

La elaboración de la imagen de Carlomagno se inicia pocos años después de su muerte. El Siglo IX es un periodo de profunda decadencia, en la adversidad, la figura del emperador se idealiza, su reinado aparece como una etapa de esplendor y seguridad. Tal empeño comienza con “La vida de Carlomagno”, del propio Eginhardo, ya citado y continua en ”in crescendo” durante los terrores del año mil.

En el siglo XII la figura de Carlomagno sufre un proceso de poetización: Occidente vive una época de renacimiento económico y demográfico: hasta el Siglo XV, el emperador será uno de los temas más frecuentes de la literatura francesa y alemana. Este proceso comenzó con la “La chanson de Roland” y su imitación alemana “ la rolandslied” cuyo auténtico héroe es el emperador.
La leyenda de Carlomagno se convirtió en la epopeya de las cruzadas y su imagen en el modelo del emperador cristiano, protector de la iglesia y propagador de la fe.

Durante los siglos XV y XVI la figura de Carlomagno fue sacada a colación para respaldar las reclamaciones fronterizas. La monarquía francesa sobre todo, hizo de él un precedente de su actitud política frente al feudalismo. Comenzó entonces la polémica sobre la nacionalidad y el idioma hablado por Carlomagno.

En la época de la Reforma y de las guerras de religión, fueron sus creencias religiosas las que constituyeron el punto de mira principal. Se centraron entonces las investigaciones en su relación con el Papado, la querella de las imágenes, la misión en tierra de sajones y los tribunales que instituyó en materia religiosa para perseguir “los delitos” contra la ortodoxia.

El Siglo del estado absolutista, se hizo de Carlomagno, nada menos que el garante de la fundamentación del poder absoluto del monarca. El Obispo Bossuet, que vivió bajo Luís XIV parangonaba al Rey Sol con el monarca de los francos, “ que por medio de sus conquistas extendió por todo Occidente el cristianismo y el reino de Dios, otorgó al Papado el poder temporal, fomentó la cultura y aseguró el orden del Estado”.

Todavía a mediados del siglo XVIII, Carlos conservaba la poderosa aureola del ideal milenarista. Así para Montesquieu, el rey medieval se trasmutó en un monarca constitucional que limitó el poder de la nobleza y defendió la libertad del pueblo.

La Ilustración fue la primera en abordar una visión crítica de su figura. En clara ruptura de la imagen idealizada. Voltaire negó a Carlomagno los méritos atribuidos por Montesquieu. Esta valoración negativa dejaba entrever el ideario y las aspiraciones de la nueva sociedad en ascenso, la de la burguesía. El emperador, aparece entonces como el fundador de una Edad Media tenebrosa, dominador de millones de esclavos bautizados y represor de todo impulso a favor de la libertad.

Durante el siglo XIX para los historiadores del nacionalismo alemán. Carlos se convierte en el precursor de la unidad alemana. El nacionalismo llega a exaltarlo con grandilocuencia como “el realizador de la historia universal”.

Ya el Siglo XX. Carlomagno es objeto de la propaganda ideológica del III Reich alemán. El nazi Alfred Rosenberg lo calificaba de “exterminador de sajones” y habla de que sojuzgó la religión de la raza nórdica. Curiosamente apenas unos años después, tras la victoria hitleriana sobre Francia, se convertía a Carlomagno en el primer configurador del ordenamiento de Europa por las Gran Alemania.

En nuestros días el premio que otorga el mayor reconocimiento en la construcción poética de la unidad europea, lleva el nombre de Carlomagno. También en nuestra época la imagen de Carlomagno es asociada un ideal el logro de la unidad política de la Europa desarrollada, dentro del respeto a las distintas singularidades nacionales. Su figura vuelve a invocarse en la fundamentación de los valores y aspiraciones de la Europa contemporánea: el ordenamiento democrático y la solidaridad social, la moralidad cristiana y la cultura clásica, la tradición vinculante y la libertad seductora.

Este breve recorrido historiográfico nos ha servido para mostrar en que medida cada época ha enunciado la figura de Carlomagno, de acuerdo con sus propias coordenadas políticas, económicas y culturales. Hemos visto como la fabulación de su figura, ha tenido una notable influencia – a veces trágica- sobre las convicciones culturales y políticas de cada época. El devenir por la historia de las imágenes de Carlomagno nos ha servido sobre todo, para resaltar una de las peculiaridades de ese conocimiento que llamamos Historia: su carácter cambiante.



Los hechos históricos no están gobernados por leyes, o al menos, esas leyes no han sido descubiertas. El reino del historiador es el de los casos particulares y los hechos irrepetibles. Cada época ha evocado al historiador la relevancia de uno u otro tipo de hechos. La selección de series de acontecimientos, su reducción a tendencias y la extracción de sus consecuencias está teñida por los ideales del momento en que se vive. La reconstrucción de los sucesos y personajes del pasado que hace el historiador no es arbitraria. Es como si la misma historia cooperara secretamente en la producción de su propia narración.
Por su mutabilidad permanente, la historia no es en rigor ninguna ciencia. Cierto que el historiador busca la coherencia histórica –modesto equivalente del orden de la naturaleza- pero la forma en que se manifiesta esa coherencia no es la de la ciencia, sino la de la representación literaria: fábula poética, drama, epopeya épica.

En el caso del historiador como en el del poeta, la propia biografía juega un papel predominante en el descubrimiento de las relaciones ocultas entre las cosas.
Cuando deslumbrado por su propia conveniencia el historiador pierde de vista la pluralidad de perspectivas de los hechos, la historia aparece sesgada por la servidumbre de los intereses particularistas. Sin voluntad de objetividad y sin rigor empírico, la historia no es más que ideología.

El siglo XX ha sido pródigo en estas maneras de narrar la historia: generalizaciones autosuficientes, simplificaciones extremas que desprecian la investigación real de las fuentes y documentos.

Que el conocimiento histórico es cambiante, que la historia no es una ciencia, no implica negar la validez de esta forma de conocimiento. La galería de retratos de Carlomagno que cada época ha ido realizando, muestra la apremiante necesidad que toda sociedad ha tenido de investigar el pasado y extraer sus propias consecuencias (acertadas o no).
Los hombres siempre han tratado de identificarse mediante el conocimiento de su pasado. Cada sociedad, cada época son algo más que un conjunto de ideas dispares. La sincera preocupación por el conocimiento histórico es uno de los ejes más valiosos del pensamiento occidental.
Como escribió Octavio Paz: “ Situada entre la etnografía ( descripción de sociedades) y la poesía ( imaginación), la historia es rigor empírico, simpatía estética, piedad, ironía. Más que un saber es una sabiduría. Esa es la verdadera tradición histórica de Occidente, de Herodoto a Michelet y de Tácito a Henry Adams”.

Donde se cuenta el origen del caballero Inexistente.



El hermoso sueño de Agilulfo, al que llamó "fusiones", no duró más que lo que tardó un desconocido gallo, en saludar a la aurora que ya asomaba sus rosados dedos por el horizonte. Las últimas brasas del fuego se reflejaban en la armadura y a nuestro caballero se le vino a la memoria, el primero de los recuerdos que tenía. ¡Sin duda, oculto en este suceso debía encontrarse el sentido de su solitaria existencia!. Lo había repasado miles de veces y pese a su asombrosa memoria, no conseguía recordar nada, antes de "esta su primera aparición".

También aquella noche el resplandor de cientos de antorchas se reflejaba en las corazas...
Bajo las rojas murallas de París se alineaba el ejército de Francia. Carlomagno debía pasar revista de los paladines. Llevaban allí más de tres horas; hacia calor; era una tarde de comienzos del verano, algo cubierta, nubosa; dentro de las armaduras se hervía como en sartenes a fuego lento. No hay que descartar que alguno de aquella inmóvil fila de caballeros no hubiera perdido ya el sentido o se hubiera adormilado, pero la armadura los mantenía erguidos en la silla, todos de la misma manera.
Eran cientos, y el emperador conocía a todos por las armas y el escudo de la familia, pero era la costumbre que fuesen los mismos caballeros los que descubriesen su nombre y su rostro. Quizá porque de no ser así alguien, con algo mejor que hacer que tomar parte en la revista, habría podido mandar allí su armadura con otro dentro.
El rey había llegado al final de la interminable formación cuando descubrió ante él un caballero de armadura completamente blanca. La armadura estaba limpia, incólume, sin un rasguño; el yelmo lo coronaba un penacho de quien sabe que raza oriental de gallo, cambiante en todos los colores. En el escudo había dibujado un manto drapeado y dentro del blasón se abría otro manto, y luego otro y otro. Se trataba de una sucesión de mantos drapeados que se abrían uno dentro de otro, hasta que el dibujo se volvía tan menudo que nada se conseguía divisar.

- Y vos ahí, con tan pulido atavío... -dijo Carlomagno, que cuanto mas duraba la guerra menos respeto por la limpieza veía en los paladines.

- ¡Yo soy, la voz llegaba metálica desde dentro del yelmo cerrado: Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, caballero de Selimpia Citerior y Fez!.

- Aaah... - dijo Carlomagno, y del labio inferior, algo salido le broto un ligero trompeteo, como diciendo: " si tuviera que acordarme de todos, ¡estaba fresco!.. Pero de inmediato frunció las cejas. - ¿ Y por qué no alzáis la celada y mostráis vuestro rostro?.

El caballero no hizo ningún gesto; su diestra enguantada con una férrea y bien engrasada manopla, apretó mas fuerte el arzón, mientras que el otro brazo que sostenía el escudo, pareció sacudido por un escalofrío.

- ¡Os hablo a vos paladín! - insistió Carlomagno- ¿ Cómo es que no mostráis la cara a vuestro rey?

La voz salio salio neta de la montonera:
- Porque yo no existo, Sire.
- ¡ Esta si que es buena!.- exclamo el emperador- ¡ Ahora tenemos entre nuestras fuerzas un caballero que no existe!. Dejad me ver.

Agilulfo pareció vacilar un momento, y después con mano firme pero lenta, levantó la celada, el yelmo estaba vacío. Dentro de la armadura blanca de iridescente cimera no había nadie.

- ¡ Vaya, vaya! ¡ lo que hay que ver!- dijo Carlomagno. - ¿ Y cómo os las arregláis para prestar servicio, si no existís?.

- ¡ Con fuerza de voluntad- dijo Agilulfo- y fe en nuestra santa causa!.

- Claro, claro, muy bien dicho, así es como se cumple con el deber. Bueno, para ser alguien que no existe, sois estupendo.

Agilulfo cerraba la fila. El emperador había pasado ya revista todos; dio media vuelta al caballo y se alejó hacia las tiendas reales. Era viejo, y tendía a alejar de su mente las cuestiones complicadas.*

(* Se trata de la presentación que del personaje hace Italo Calvino en " Nuestros Antepasados")

The King's Singers. ¡ Una maravilla!.



jueves, 1 de enero de 2009

El romanticismo o " la idealizacion del amor".


María, vivía sola en un pequeño piso de la ciudad donde trabajaba. Era una mujer atractiva y agradable, por eso nunca le faltó un buen grupo de amigos, especialmente amigos varones. Hubo un tiempo, recién llegada de Madrid, en el que compartió este piso y su vida con un hombre. Pero hacía ya tres años que lo habían dejado. La ruptura fue dolorosa y coincidió con la muerte de su madre. Desde entonces, la navidad se convirtió para ella en un periodo especialmente triste.
Esta noche de fin de año, se duchó, tomó una ligera cena y antes de arreglarse para ir a casa de sus amigos, se puso a ojear sus antiguos diarios. Lo hacia siempre que se sentía insegura, y la aparición esa tarde, de nuestro inexistente caballero, y sus ideas sobre el amor, le habían producido un incómodo cosquilleo interior.

Los diarios bastante extensos,los escribió poco después de su separación, y conteían por decirlo de alguna manera, su filosofía de la vida. Por cierto, una concepción bastante pragmática de la existencia. María se esforzaba por ser una mujer práctica, lo que para ella significaba que sólo se planteaba problemas, cuando era absolutamente necesario; en estos casos, siempre recurría a sus diarios, para encontrar la solución adecuada.

Abrió un cuaderno y leyó: "Probablemente todos seríamos más felices si nos olvidásemos de la palabra “amor” y de todas sus repercusiones maximalistas y nos ocupáramos del cariño condicional: “ Si haces algo que me gusta, haces que me sienta bien y te lo devolveré de alguna manera. Las relaciones amorosas, las amistades, no surgen, ni se mantienen espontáneas. Tienen que ser cultivadas para florecer. El romanticismo es una falacia, la realidad consiste en hacer lo mejor que puedas con lo que tienes. Si de verdad llegas a la conclusión de que no es suficientemente bueno para ti o no puedes arreglarlo, lo sensato es dejarlo, pero no imaginar lo que podrías tener.

Y luego leyó en otra página:"El matrimonio -o si se prefiere la pareja estable- no es perfecta, pero la intimidad que ofrece es única y especial, muy difícil de encontrar. Deberíamos valorar adecuadamente esa posibilidad de contar con alguien cuando las cosas no van bien, como un vínculo trascendente antes de romper. El amor por segunda vez, no es más fácil; el hábito, la experiencia de cada uno genera un modelo contra el que hay que luchar si queremos que la segunda vez funcione".

María se calzó las botas, se puso una falda negra, ajustada y larga, hasta debajo de las rodillas, eligió un sujetador negro que le realzaba los pechos, y una blusa de fiesta con un generoso escote, era de color gris perla y se la habia comprado para la ocasión. Se peinó con esmero, y se puso un poco de color en los labios y en los ojos. Dio una última mirada aprobatoria ante el espejo del recibidor y enfundada en un abrigo negro de fina lana de cashemir, salió. Fue paseando a la fiesta de sus amigos. ¡De nuevo estaba tranquila... y segura de si misma!.

No puedo enamorarme de tí. Antonio Flores. Joaquín Sabina

Fusiones


"Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan y al abrazarse
forman una sola llama.

Dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan.

Dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata."



Cuando María se marchó quedó solo nuestro caballero. La tarde era de invierno, y aunque él no podía sentir el frío, le pareció conveniente entrar en una cabaña de pastor que por allí había a pasar la noche. Encendió una fogata con la que iluminarse y se abandonó a sus pensamientos.

Pensaba en María, en su pelo oscuro, en sus ojos azules, su hermoso cuello, del que colgaba, el signo de los cristianos. Intuía que sólo su abrazo amoroso, podría liberar su espíritu de su eterna cárcel de acero, librarlo de su soledad infinita, existencial. ¡Pero como conseguir que ella, una mujer tan bella, se enamorara de una simple armadura, de una especie de artefacto medieval, que aunque disponía -y eso sólo gracias a su enorme fuerza de voluntad- de la facultad de hablar y de actuar, carecía de cuerpo!.
¡ Y si por fin pudiera vivir como un simple mortal, con un cuerpo!. No hacia falta que fuera especialmente hermoso, quería ser limitado; sufrir el dolor, las heridas, las enfermedades, padecer el frío de la noche y el calor durante el día, sentir hambre y sed. Pero en cambio, tendría manos capaces de tocar otro cuerpo, la piel de su amada, unos miembros capaces de sentir la delicia indescriptible de ese contacto íntimo. Podría tener relaciones sexuales, hacer hacer eso de lo que tanto había oído hablar y que le era totalmente inalcanzable. Y después de hacer el amor, dormir... por fin dormir; olvidarse de esa eterna vigila, de esa consciencia siempre alerta, que se extiende por los siglos como una condena, ese titánico esfuerzo tratando de prodigar el bien, del que apenas llegaba a ver los frutos.

Era la primera noche del año 2009, mientras María se divertía en la fiesta de fin de año, Agilulfo absorto en el fuego de la hoguera, soñaba despierto. ¿Cómo sería posible, su anhelada fusión con María?. Fue en ese momento de ensueño que brotaron de su boca estos inspirados versos que anteceden a los que llamó Fusiones.
Io t'abbraccio. G F Handel. Rodelinda. ( Andreas Scholl. Anna C. Antonionni).